Cuando hablamos de bebidas, es común escuchar los términos coctelería y mixología como si fueran lo mismo. Sin embargo, aunque están estrechamente relacionados, no significan lo mismo. Entender la diferencia no solo enriquece tu cultura sobre bebidas, sino que también te permite apreciar el arte y la técnica detrás de cada trago.
¿Qué es la coctelería?
La coctelería es el arte de preparar cócteles. Se centra en la combinación de bebidas alcohólicas y no alcohólicas (jugos, jarabes, frutas, especias) para crear mezclas equilibradas, sabrosas y atractivas. Incluye todo lo que tiene que ver con el servicio de bar: desde la preparación, presentación y técnicas básicas, hasta la atención al cliente.
En resumen:
- Es el oficio del bartender.
- Se enfoca en la ejecución, sabor y presentación.
- Puede seguir recetas clásicas o crear nuevas.
¿Y la mixología?
La mixología va un paso más allá: se considera la ciencia y creatividad detrás de la coctelería. El mixólogo no solo prepara bebidas, sino que investiga ingredientes, desarrolla nuevas combinaciones, estudia técnicas de vanguardia y experimenta con sabores, texturas, temperaturas e incluso elementos químicos.
En resumen:
- Es una disciplina más experimental y técnica.
- Busca innovar, sorprender y contar historias a través de un cóctel.
- Implica conocimiento profundo de ingredientes y procesos.
Un ejemplo simple
- Un bartender puede preparar un mojito clásico siguiendo la receta tradicional.
- Un mixólogo puede reinterpretar el mojito usando espuma de hierbabuena, ron infusionado y azúcar de coco, con una presentación inesperada.
¿Cuál es mejor?
Ninguna es mejor que la otra. Ambas son importantes y se complementan. Mientras que la coctelería es esencial para brindar un buen servicio y mantener la calidad de las bebidas, la mixología impulsa la creatividad y la evolución del rubro.
La coctelería y la mixología forman parte del mismo universo, pero desde enfoques distintos: uno más práctico y tradicional, el otro más creativo y técnico. Conocer sus diferencias es clave para valorar el trabajo que hay detrás de cada trago que llega a tu mesa.















